Es por todos conocidos que el ser humano pierde masa muscular a medida que avanza en edad, pierde claramente fuerza, disminuye la estabilidad ósea, se reduce el metabolismo y finalmente la capacidad de rendimiento, la movilidad y la capacidad motriz de la vida diaria. Diversas fuentes hablan de una pérdida de masa muscular de 2 a 3 kg por década de vida en mujeres y en hombres a partir de los 30 años, proceso acelerado a partir de los 50 años (Hollmann 31.08.96). De esta forma, hasta los 70 años, el ser humano pierde aprox. el 40% de su masa muscular esquelética, aunque en primera línea son las fibras FT (rápidas) las que sufren una disminución más intensa.
De forma análoga disminuye la fuerza un 8% por década de vida. La pérdida de fuerza reduce a su vez la rapidez de los movimientos, la movilidad, la estabilidad en bipedestación y la estabilidad articular, al mismo tiempo que aumenta el riesgo de padecer accidentes e influye negativamente en la capacidad de trabajo y en la superación de las cargas diarias. Estudios realizados en Estados Unidos demuestran por ej. Que en un grupo de personas mayores de 75 años el 28% de los hombres y el 66% de las mujeres no eran capaces de levantar pesos de 4,5 kg, y un estudio escandinavo muestra que más del 60% de las personas de unos 80 años tenían dificultades para superar la altura de los escalones habituales en los medios de transporte públicos (Baum). Si bien antes se atribuía esta pérdida general al proceso natural de envejecimiento, actualmente se sabe que este fenómeno tiene que ver en primera línea con la reducción progresiva de cargas a las que se ve sometido el cuerpo con los años. No es la edad en sí misma, sino que es la disminución del movimiento y de las cargas la primera responsable de este fenómeno.
Efectos del entrenamiento de la fuerza en personas mayores
● Aumento considerable de la fuerza y su mantenimiento.
● Creación de una masa muscular bien formada.
● Prevención de lesiones y de múltiples patologías del aparato locomotor, prevención de la aparición de artrosis.
● Desaparición de los síntomas de lesiones ya existentes y de los síntomas de desgaste.
● Mantenimiento del hueso e incluso logro de una mayor densidad ósea.
● Cartílago articular más estable, mejora de la lubricación articular y de la estabilidad articular.
● Mejora de la movilidad y capacidad de movimientos más rápidos..
● Mejora de la movilidad diaria-facilidad para llevar a término las actividades de la vida cotidiana;
Aumento de la velocidad de la marcha y al subir escaleras; se hace más fácil llevar bolsas y maletas, la bipedestación, levantarse de una silla. Mejoran las reacciones al caerse o al tropezar, mejora el equilibrio y se reduce con ello el riesgo de caídas.
● Estimulación de la actividad visceral, con la consiguiente mejora de la actividad intestinal, especialmente al efectuar ejercicios abdominales.
● Refuerzo de los músculos respiratorios.
● Claro aumento del metabolismo.
● Efectos beneficiosos sobre los parámetros cardiovasculares, por ej. Normalización de la frecuencia cardíaca en reposo (Martel) y del aporte energético local.
● Disminución del tejido graso subcutáneo e intercelular (Treuth).
● Efectos beneficiosos sobre la diabetes del adulto.
● Efectivo antidepresivo en personas mayores con síntomas de depresión (Singh 1997).
● Mejora de la calidad del sueño (Singh 1997).
● Aumento de la actividad cerebral; efectos positivos sobre la capacidad de reacción y sobre la
Capacidad de memoria (Hollmann 30.8.1996).
● Aumento de la autoestima y de la confianza en uno mismo.
● Aumento de la percepción corporal.
● Provocados por la práctica general de deporte, efectos beneficiosos entre los que cuentan:
● Aumento de la longevidad por el consumo adicional de 1.500 a 3.000 Kcal semanales que supone la práctica de deporte (Lee).
● Mayor ingestión de líquidos que tiene un efecto compensatorio de la pérdida de líquidos que se
Produce con la edad (Israel 1995).